jueves, 9 de noviembre de 2017

Actividad 4.1: Mi lugar Para Escribir


Supo que algo era diferente aun antes de abrir los ojos.

No sabía exactamente qué era lo que había cambiado, pero no tenía duda de ello.

Abrió los ojos y se encontró en un lugar desconocido pero extrañamente familiar, era una espaciosa habitación de hotel, en un piso alto que daba una gran vista de la ciudad a través de las ventanas y equipada con toda clase de detalles para hacer cómoda la estancia del ocupante en turno.

A pesar de no saber dónde se encontraba, no se sentía intranquilo, esa clase de habitaciones siempre habían tenido un efecto muy relajante en él, una especie de contrato de liberación que le decía: Tú haz lo que gustes, nosotros nos encargaremos de cuidar de ti. Intento sin éxito abrir la puerta o la ventana, pero no tenía caso, estaban totalmente cerradas y no había forma de salir, pero aun así no se sintió temeroso.

En cierta forma esa habitación le recordaba a todas las habitaciones en las que se había quedado en sus viajes de negocios, tenía a su disposición una pequeña sala, el área de descanso, televisión, clima artificial, iluminación suficiente, agua y aperitivos a disposición y sobre todo, lo que más llamaba su atención, un escritorio amplio, con una silla ejecutiva cómoda, suficientes conexiones eléctricas, una laptop con conexión a internet, hojas de papel en blanco y bolígrafos de varios colores.

Fue cuando notó este escritorio que supo donde se encontraba, era su lugar para escribir, ese lugar que siempre imaginaba cuando quería tener tiempo y tranquilidad suficientes para plasmar en palabras algo que llevaba por dentro. Últimamente había pensado mucho en este lugar, sobre todo porque sufría de lo que llaman “Bloqueo de Escritor” y habían pasado semanas desde la última vez que escribió más de dos frases seguidas.

¿Cómo carajos había llegado aquí? ¿Secuestro?, ¿Ovnis?, ¿Dimensión paralela?, ¿Alucinación? No lo sabía, pero extrañamente tampoco se sentía particularmente amenazado por ello o por el hecho de no poder salir, se encontraba aquí, en su habitación soñada y de pronto supo porque estaba ahí, se sentó al escritorio y empezó a garabatear sobre el papel todas las ideas que antes no había podido expresar. Después de unos minutos tenía entre las hojas un par de artículos de opinión, un cuento corto y lo que parecía ser el inicio de una muy interesante novela. Desesperado por todo lo que quería decir y la poca velocidad de sus manos, abandono el papel y tomó la computadora. El caudal de ideas no se interrumpía más que en las ocasiones en que iba al baño o se levantaba a comer algo.

Finalmente, satisfecho de lo avanzado, se levantó de la silla y se encamino a la puerta. Esta cedió de inmediato al toque de su mano, tal como sabía que lo haría, después de todo, ya no necesitaba su lugar de escritura por ahora. Por dentro supo que volvería de nuevo pronto a seguir escribiendo, porque esta habitación estaba ahora dentro de él. Ahora tenía su propio lugar personal para pensar y escribir, así que se encamino a la salida y su primer pensamiento fue: Tengo que surtir el minibar.

2 comentarios:

  1. Que interesante forma de hablar de tu lugar ideal para escribir. Me agradó que lo hicieras en forma de cuento. Y si, muchas veces ese lugar ideal suele estar dentro de nosotros.
    Creo que algunas ideas son muy largas y podrías revisar el uso de comas e incluso, usar punto en lugar de ellas en algunos párrafos. En general me gustó mucho, pero si creo que debes revisar el uso de signos de puntuación que ayuden al lector con la fluidez de tu texto.

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  2. Te diría algo sobre los párrafos que de algún modo no deberían existir pues porque básicamente se conectan con un punto y seguido, pero la poesía (los poetas) ya se ha tomado muchas libertades sobre su forma de escribirla, así que... mientras cumpla su propósito de llevarte por una historia (como es el caso), no le veo mayor conflicto. Quizá lo único que me "brincó" fue que en 2 ocasiones usaste la idea de "saber por qué estás ahí", quizá conectándolas fluiría mejor.

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