¿Cómo se escribe descuidadamente?
Carajo. Creo que a estas alturas de mi vida hacerlo equivale a olvidar voltear
a los lados antes de cruzar la calle. Porque así es esto ¿No? Escribir se
vuelve una parte de ti con todo lo bueno y lo malo que ello conlleva, con sus
reglas y sus excepciones, con sus pausas y sus signos, con los que son
estrictos en su aplicación como el maldito punto y coma o los que son
románticos como la coma que deja a elección de tu corazón su uso.
Estar escribiendo así, a
bocajarro, me hace sentir raro, nervioso, o más bien, emula la sensación de
hablar por nerviosismo, esa verborrea que te da y evita que te calles cuando
estás diciendo poco con muchas palabras. Hablando así uno pronto empieza a
decir disparates o sinsentidos, todo finamente adornado con nuestro más florido
léxico de malas palabras, esas que usamos al hablar por la emoción del momento,
pero nunca usamos al escribir por respeto al oficio.
Quizás subconscientemente aún
escucho la voz de mi madre repitiendo “No debes decir malas palabras.” Pero
¿Cuáles son las malas palabras en realidad? Si todas son usadas para expresar
cosas que de otra forma no podríamos describir tan bien. Porque un “Me siento
terrible” jamás igualara el sentimiento de un “Me lleva la Chingada.”
Porque sinceramente creo en eso,
que las palabras nos llevan de la mano, que debemos dejarlas salir libremente y
a ojos cerrados, aventarnos temerariamente a cruzar la calle sin mirar, solo
confiando en ellas, porque sé que cuando son del corazón, no existen las malas
palabras…






