viernes, 24 de noviembre de 2017

Actividad 4.3 Escritura Descuidada



¿Cómo se escribe descuidadamente? Carajo. Creo que a estas alturas de mi vida hacerlo equivale a olvidar voltear a los lados antes de cruzar la calle. Porque así es esto ¿No? Escribir se vuelve una parte de ti con todo lo bueno y lo malo que ello conlleva, con sus reglas y sus excepciones, con sus pausas y sus signos, con los que son estrictos en su aplicación como el maldito punto y coma o los que son románticos como la coma que deja a elección de tu corazón su uso.

Estar escribiendo así, a bocajarro, me hace sentir raro, nervioso, o más bien, emula la sensación de hablar por nerviosismo, esa verborrea que te da y evita que te calles cuando estás diciendo poco con muchas palabras. Hablando así uno pronto empieza a decir disparates o sinsentidos, todo finamente adornado con nuestro más florido léxico de malas palabras, esas que usamos al hablar por la emoción del momento, pero nunca usamos al escribir por respeto al oficio.

Quizás subconscientemente aún escucho la voz de mi madre repitiendo “No debes decir malas palabras.” Pero ¿Cuáles son las malas palabras en realidad? Si todas son usadas para expresar cosas que de otra forma no podríamos describir tan bien. Porque un “Me siento terrible” jamás igualara el sentimiento de un “Me lleva la Chingada.”

Porque sinceramente creo en eso, que las palabras nos llevan de la mano, que debemos dejarlas salir libremente y a ojos cerrados, aventarnos temerariamente a cruzar la calle sin mirar, solo confiando en ellas, porque sé que cuando son del corazón, no existen las malas palabras…

viernes, 17 de noviembre de 2017

Actividad 4.2: Consejos para escribir



"Lo estás haciendo bien", suelo repetirme cuando estoy escribiendo, y no solo lo hago como refuerzo positivo, sino que realmente creo que lo estoy haciendo bien.

Cuando uno escribe siempre se es, a la vez, el primer lector, así que hay que ser honestos y críticos con nosotros mismos, pero a la vez hay que ser indulgentes y sobre todo,  guías de nuestra escritura. Es quizás por eso que confío en esa voz mental a manera de Virgilio para guiarme a través del infierno que puede ser la hoja en blanco.

"Siempre habla de lo que conoces" dice mi voz interna cuando empiezo a desvariar, y no puedo menos que darle la razón, porque no hace falta enredarse en letras y palabras rebuscadas, si tienes clara la idea que quieres expresar, tu propio lenguaje será suficiente para transmitirlo.

"Quizás debas descansar" me dice otras veces cuando me encuentro bloqueado ante una idea o la falta de ellas. La experiencia me ha enseñado que uno escribe mejor cuando no está escribiendo, a las musas les gusta tener toda tu atención y ya después te dejan transcribir, así que hazles espacio.

"Nunca dejes de leer" es otro consejo que me da mi voz interna, sobre todo en estos tiempos, donde el entretenimiento nos satura y el aburrimiento parece ser solo un mal recuerdo. Hay que desconectarnos de la red, de la TV y de todos los distractores y volver a leer, porque ahí es donde realmente nace el amor por la escritura.

"Recuerda siempre que menos es más." Si en algún momento tu texto llega a tal tamaño que ni tú quieres leerlo, entonces estás hablando demasiado para decir muy poco.

Esos suelen ser los consejos que se repiten en mi mente una y otra vez, todos me sirven de brújula al momento de escribir, y suelo ser inflexible conmigo mismo al respecto. Sin embargo en los momentos en que me siento abrumado por la escritura, la misma voz viene dulce y queda, susurrándome al oído un quinto consejo: "Escribe siempre para ti. Lo estás haciendo bien..."


jueves, 9 de noviembre de 2017

Actividad 4.1: Mi lugar Para Escribir


Supo que algo era diferente aun antes de abrir los ojos.

No sabía exactamente qué era lo que había cambiado, pero no tenía duda de ello.

Abrió los ojos y se encontró en un lugar desconocido pero extrañamente familiar, era una espaciosa habitación de hotel, en un piso alto que daba una gran vista de la ciudad a través de las ventanas y equipada con toda clase de detalles para hacer cómoda la estancia del ocupante en turno.

A pesar de no saber dónde se encontraba, no se sentía intranquilo, esa clase de habitaciones siempre habían tenido un efecto muy relajante en él, una especie de contrato de liberación que le decía: Tú haz lo que gustes, nosotros nos encargaremos de cuidar de ti. Intento sin éxito abrir la puerta o la ventana, pero no tenía caso, estaban totalmente cerradas y no había forma de salir, pero aun así no se sintió temeroso.

En cierta forma esa habitación le recordaba a todas las habitaciones en las que se había quedado en sus viajes de negocios, tenía a su disposición una pequeña sala, el área de descanso, televisión, clima artificial, iluminación suficiente, agua y aperitivos a disposición y sobre todo, lo que más llamaba su atención, un escritorio amplio, con una silla ejecutiva cómoda, suficientes conexiones eléctricas, una laptop con conexión a internet, hojas de papel en blanco y bolígrafos de varios colores.

Fue cuando notó este escritorio que supo donde se encontraba, era su lugar para escribir, ese lugar que siempre imaginaba cuando quería tener tiempo y tranquilidad suficientes para plasmar en palabras algo que llevaba por dentro. Últimamente había pensado mucho en este lugar, sobre todo porque sufría de lo que llaman “Bloqueo de Escritor” y habían pasado semanas desde la última vez que escribió más de dos frases seguidas.

¿Cómo carajos había llegado aquí? ¿Secuestro?, ¿Ovnis?, ¿Dimensión paralela?, ¿Alucinación? No lo sabía, pero extrañamente tampoco se sentía particularmente amenazado por ello o por el hecho de no poder salir, se encontraba aquí, en su habitación soñada y de pronto supo porque estaba ahí, se sentó al escritorio y empezó a garabatear sobre el papel todas las ideas que antes no había podido expresar. Después de unos minutos tenía entre las hojas un par de artículos de opinión, un cuento corto y lo que parecía ser el inicio de una muy interesante novela. Desesperado por todo lo que quería decir y la poca velocidad de sus manos, abandono el papel y tomó la computadora. El caudal de ideas no se interrumpía más que en las ocasiones en que iba al baño o se levantaba a comer algo.

Finalmente, satisfecho de lo avanzado, se levantó de la silla y se encamino a la puerta. Esta cedió de inmediato al toque de su mano, tal como sabía que lo haría, después de todo, ya no necesitaba su lugar de escritura por ahora. Por dentro supo que volvería de nuevo pronto a seguir escribiendo, porque esta habitación estaba ahora dentro de él. Ahora tenía su propio lugar personal para pensar y escribir, así que se encamino a la salida y su primer pensamiento fue: Tengo que surtir el minibar.